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EL ‘NOBEL AMERICANO’ PREMIA A LOS PADRES DEL IMPLANTE COCLEAR

EL ‘NOBEL AMERICANO’ PREMIA A LOS PADRES DEL IMPLANTE COCLEAR

Este viernes se entrega el prestigioso premio
Lasker de investigación clínica (los llamados ‘Nobel estadounidenses’) que este
año reconoce el trabajo de los tres pioneros de la implantación coclear: Graeme
Clark, Ingeborg Hochmair y Blake Wilson.

«Sus esfuerzos han transformado la vida
de cientos de miles de personas que, de otro modo, serían sordas», señala
Gerard O’Donoghue, otorrinolaringólogo del Queen’s Medical Centre (Nottingham,
Reino Unido), en un artículo publicado en la revista ‘The New England Journal
of Medicine’

Los primeros implantes:

En 1978 se desarrollaron en Australia los
primeros implantes cocleares multicanales, precursores de los actuales, que
permitían captar el sonido con una óptima calidad. Después de varios ensayos
clínicos, la agencia americana del medicamento (FDA) aprobó su uso en adultos.
Desde entonces, más de 300.000 personas con esta discapacidad se han
beneficiado de un invento que les permite oír y todo gracias a los esfuerzos de
los tres artífices del mismo.

Según la Organización Mundial
de la Salud (OMS), hoy en día se estima que 360 millones de personas en el
mundo viven con pérdida auditiva incapacitante. «Dado que este problema
aumenta con la edad, se prevé que la carga mundial de morbilidad atribuible a
la sordera también incrementará y, por lo tanto, los medios capaces de
‘reparar’ esta discapacidad adquirirán cada vez más importancia».

Pero la sordera afecta a todas las edades.
Para el niño, el oído es fundamental en su desarrollo neurocognitivo. «La
privación del sonido temprano degrada la multiplicidad de los circuitos
neuronales que se encargan de procesar la información, especialmente los
involucrados en la adquisición del habla y el lenguaje». Además, continúa
O’Donoghue, «afecta a otras funciones cognitivas y, como la capacidad de
escribir una lengua depende en gran medida de la audición de su contenido
fonológico.

En cuanto a los adultos que desarrollan
sordera profunda, a menudo se sienten avergonzados por su discapacidad y se ven
obligados a retirarse de las conversaciones con familiares y amigos.

Entre los ancianos, la sordera profunda
compromete la vida independiente, ya que muchos de ellos desarrollan una
especie de miedo a quedarse solos.

Un imposible hecho realidad ‘Recuperar’ la audición en las personas con
sordera profunda era todo un reto y ahora se puede decir que el implante
coclear lo ha conseguido, aunque hay que matizar que no todas las hipoacusias
pueden tratarse con este aparato, sólo las de tipo neurosensorial (las que
afectan al oído interno). Primero se tratan con audífonos y si éstos no son
efectivos se procede al implante. 

( Fuente: El mundo)